Alondra lloraba a borbotones cuando yo llegué a la agencia. Ella tenía sus ojitos completamente encharcados de lágrimas y llevaba sus pelos desparramados sobre su rostro tan dulce y tierno. Quedé perpleja cuando la vi, así, sumergida en un gran llanto desconsolado. Lancé mi cartera y mi abrigo y corrí a abrazarla. Ella hundió su rostro en mi pecho y siguió llorando a gritos, sin poder contenerse.
-¿Qué ha pasado, bebita?-, la estrujé. Yo estaba muy sorprendida. Jamás la había visto llorar a m