Ese sábado, en la mañana, me llamó Catalina. Yo ya me había duchado aunque aún estaba estremecida por la velada que pasé en los brazos de Rudolph, extasiada, con mi corazón hecho una fiesta, y me sentía súper sexy y sensual. Meneaba mis caderas, lanzaba mis pelos, bailaba con mucha cadencia y me sentía en mi máxima feminidad.
-Hola Patricia, soy Catalina-, me dijo ella sonriente. Eso lo noté.
-Hola, amiga, ¿qué ocurre?-, estaba yo hecha una fiesta batiendo huevos para hacerme una tortill