Cerca de la medianoche, apareció Jeremy, sentado en uno de mis sillones, mirándome divertido, sonriendo más que las otras veces. Me puse furiosa.
-¿Quién te da derecho de espiarme?-, le mostré mis puños y chirrié mis dientes colérica.
-Quería darte una sorpresa, fui imprudente, pero créeme, no vi mucho, cuando los vi en la cama, salí corriendo como alma que se lleva el diablo ja ja ja, aunque la verdad me hubiera gustado quedarme para ver en acción ja ja ja-, no dejaba de reírse.
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