Bliss palideció de miedo y se dio la vuelta para correr, pero Leone la alcanzó en unos pocos pasos y le sujetó la muñeca con fuerza.
Ella luchó con todas sus fuerzas, las lágrimas le brotaban sin parar.
Leone la sostuvo con más fuerza aún, su voz áspera, como si intentara tranquilizarla.
—No tengas miedo. Solo les estoy dando una lección para que no se atrevan a ponerte una mano encima nunca más.
—¡No es eso! ¡No es eso para nada! —Bliss lo miró a través de la cortina de lágrimas.
—Ese día,