Leone permaneció en la sala VIP hasta que Bliss finalmente despertó.—Leone, tenía tanto miedo de perderte…—su voz era débil y temblorosa, aún atrapada en el terror de casi no haber salido con vida.Leone la estrechó entre sus brazos, limpiando el sudor de su sien con el pulgar.—Fue mi culpa, tesoro. No te protegí. Te dejé pasar miedo.Bliss negó con la cabeza y de pronto se quedó quieta, como si acabara de recordar algo.—¿Qué hay de la mujer que se llevaron conmigo? ¿Está bien?Los ojos de Leone se enfriaron, y no respondió a su pregunta.—Bliss, eres demasiado buena. A partir de ahora, no voy a dejar que salgas de mi vista nunca más.Siguió dándole suaves palmadas en la espalda, en un ritmo tranquilizador, hasta que ella finalmente cayó en un sueño inquieto.Luego se volvió hacia su consigliere, Antonio Conti, y dio la orden:—Limpia la villa de arriba abajo. Todo lo que no pertenezca, tírenlo. Bliss se mudará en cuanto le den el alta.Antonio asintió y le entregó un doc
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