La voz de Liam estalló desde uno de los bordes del claro. Briella se tensó en los brazos de Zadkiel. Él la sostuvo con más firmeza, pero no dijo nada. Solo esperó.
—¿Qué haces? —gruñó Liam mientras se abría paso entre los presentes—. ¿Bailando con él? ¿Es esto lo que haces ahora? Ni siquiera hablas conmigo, me dejas por esta bestia.
Un gruñido salió desde los labios de Zadkiel.
Zadkiel no respondió, pero sus mandíbulas apretadas y los músculos tensos bajo la camisa eran más elocuentes que cualq