62. El último de los Wolfang y el último de los Vangelis.
Bleid se quedó en su lugar, no porque deseara que Gregory se llevara a su hermana. Tal vez él podía salvarla, ella entendería que lo mejor era no tener a ese hijo.
Sin embargo, algo en su interior también luchaba contra él, contra ese deseo, lo que lo obligó a caminar tras ellos.
Gregory se pasó la mano por la cara frustrada sin dejar de observar a su hermana, ya no era esa pequeña niña que juró proteger y llevar por el buen camino, había fracasado, tenía en su vientre a la perdición de todos.