176. También ella está muerta.
—Voy a acabar contigo, pero antes, vas a entregarme a mi nieto. De eso dependerá cuán misericordiosa sea tu muerte —pronunció Joel con una voz cargada de determinación y furia.
Ralf sintió cómo su corazón se encogía una vez más. En ese instante, deberían estar los tres juntos: él, su esposa y su hija recién nacida. Debería estar disfrutando de esos preciosos momentos, observando la pequeña carita de ángel de su hija mientras su esposa la amamantaba y atendiendo sus caprichos. Nunca se imaginó q