— ¡Esto es tu culpa! — Falcón escuchó a la madre de Cintia gruñir aquellas palabras —. Si te hubieses deshecho de esa maldita o al menos castigado como se debía ella, no habría hecho esto a mi bebé — gritó —. Por Dios, la lanzó de las escaleras.
— No creo que eso sea cierto — Falcón entró al cuarto —. De hecho, todos aquí saben muy bien que Emilia no sería capaz, así que dejen de fingir que realmente se lo creen.
— ¿Acaso la conoces tanto? — la madre de Cintia lo miró —, por favor, yo he vivido