Al aterrizar mi día no fue a mejor. Mi maleta fue la última en salir, se le había roto una de las cuatro ruedas y la tuve que patear por todo el aeropuerto hasta que me costó encontrar a mi padre entre todo el mogollón de gente que volvía y se iba a casa por las vacaciones.
Me estaba esperando de brazos cruzados apoyado en su vieja camioneta, le había cambiado el color, era negra. Nos dimos un saludo bastante escueto para ser padre e hija y montó mi maleta en la parte trasera junto a un montón