Casi no dormí, así que estaba despierta cuando sonó la alarma de Cindy y ella se lanzó a apagarla.
Me di la vuelta y se llevó las manos a la boca. Debía tener una cara horrible, ni si quera me quité el maquillaje.
—Maya —dijo en voz baja. Eran las cinco de la mañana—. ¿Qué ha pasado?
—Ha sido una noche de mierda —confesé—. Se acabó.
No tuve que decir más. Se sentó en el borde de mi cama y me abrazó.
—¿Qué ha pasado?
Se lo conté todo mientras se preparaba y de vez en cuando me daba una caricia f