Horas después…
—¿Hoy no vas a trabajar? —preguntó Ava, acurrucada en el sofá con una manta sobre las piernas, mientras observaba a Ethan abotonarse la camisa.
Ethan se giró hacia ella, dejando de lado la corbata que había comenzado a anudar. Su rostro se suavizó al verla tan serena, tan distinta a la joven impulsiva que solía correr por los pasillos de la casa. Esa dulzura le rompía el alma.
—Pensaba ir solo un par de horas, pero… —se acercó, se sentó a su lado y le acarició el cabello—. ¿Pasa