Parte III: El Eco de la Traición
La noche estaba silenciosa, pero el rugido del motor de su coche rompía esa quietud con una furia contenida, un sonido que coincidía con la tensión en su pecho. Cada kilómetro que recorría lo acercaba más a la confrontación, pero también a las respuestas que tanto anhelaba. El teléfono vibró en el asiento del copiloto, y sin apartar la vista del camino, Ethan activó el altavoz, con sus dedos crispados alrededor del volante.
—¿Arthur? —preguntó con voz tensa, el