Leonardo se encontraba sentado en el asiento trasero de su coche mientras el paisaje de Nueva York se deslizaba lentamente. La ciudad, siempre vibrante y llena de vida, le parecía ajena en ese momento. Tenía su mente fija en la visita que estaba a punto de hacer. Había decidido ir a ver a Fabriccio, uno de los miembros más veteranos de la junta, para intentar entender qué había sucedido en la última reunión. Fabriccio era un hombre con una trayectoria impecable y con una influencia que ningún o