Mundo ficciónIniciar sesiónEl domingo amaneció con un sol tímido que se filtraba por las cortinas del pequeño apartamento de Ashley. El reloj marcaba las ocho y media, y aunque era fin de semana, ella ya estaba despierta repasando mentalmente las tareas pendientes: terminar el informe de Derechos Humanos, organizar los apuntes que Karla le había enviado y, sobre todo, pensar en el regalo para Tom. El aniversario se acercaba y no quería improvisar.
Se levantó con cierta pesadez, aún con la sensación extraña del encuentro en el mercado. La imagen de aquel chico de mirada intensa y voz firme seguía rondándole la cabeza. “Qué hermosos ojos”, se repitió en silencio, aunque ni siquiera sabía su nombre. Lo único que recordaba eran sus ojos verdes, penetrantes, capaces de desarmarla en segundos. Ashley intentó sacudirse la idea. Preparó café y tostadas, puso música suave y se concentró en sus apuntes. Pero cada vez que leía una línea, la mente se desviaba hacia aquel instante incómodo. “No es nada, solo un desconocido”, se dijo, aunque su corazón parecía no estar de acuerdo. El móvil vibró sobre la mesa. Era Tom. —Buenos días, amor —dijo con voz alegre—. ¿Qué haces tan temprano? —Repasando cosas de la universidad. Ya sabes, no me gusta dejar todo para última hora. —Eres increíble, siempre tan aplicada. Yo recién me levanto —rió—. ¿Quieres que nos veamos más tarde? Podemos almorzar juntos. Ashley sonrió. Tom era todo lo que cualquier chica soñaría: atento, cariñoso, educado. Su relación era estable, sin grandes sobresaltos. Y sin embargo, la sombra de aquel recuerdo en el mercado la inquietaba. —Claro, me encantaría —respondió—. Te llamo cuando esté lista. Colgó y se quedó mirando la pantalla unos segundos. “Tom es perfecto”, pensó. “¿Por qué entonces me siento tan alterada por alguien que ni siquiera conozco?” Al mediodía, Ashley salió rumbo a la cafetería donde había quedado con Tom. El aire cálido de La Habana la envolvía, y el vestido azul que había elegido resaltaba aún más su piel tostada. Caminaba distraída, repasando mentalmente lo que quería contarle a Tom, cuando de pronto escuchó una voz detrás de ella. —¿Ya aprendiste a mirar por dónde caminas? Se giró sobresaltada. Allí estaba él. El chico del mercado. Ashley se quedó sin palabras. El corazón le dio un vuelco. —¿Tú otra vez? —dijo con tono defensivo—. ¿Me estás siguiendo? Spencer arqueó una ceja y sonrió con cierta ironía. —No, casualidad. Pero parece que el destino insiste en cruzarnos. Ashley lo observó con más detalle: alto, de complexión fuerte, cabello castaño algo desordenado, y esa barba incipiente que le daba un aire rebelde. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad que la incomodaba y atraía al mismo tiempo. —Pues el destino se equivoca —replicó ella—. No tengo nada que hablar contigo. —Eso dices ahora —contestó él, acercándose un poco—. Pero tus ojos dicen otra cosa. Ashley retrocedió un paso, nerviosa. —Mira, tengo novio. No me interesa nada contigo. Spencer soltó una risa breve, casi burlona. —El novio perfecto, ¿no? El chico que parece sacado de un cuento. Pero dime, ¿no te aburre tanta perfección? Soy Spencer por cierto- dijo burlón Las palabras la golpearon como un dardo. ¿Cómo podía saber tanto de ella? ¿O era simplemente intuición? —No tienes derecho a hablar así —respondió con firmeza—. Ni siquiera me conoces. —Quizás no —dijo él, mirándola fijamente—. Pero algo me dice que nos volveremos a ver. Y sin más, se dio media vuelta y se perdió entre la multitud. Ashley quedó paralizada, con el corazón latiendo desbocado. “¿Qué demonios acaba de pasar?”, pensó. Cuando llegó a la cafetería, Tom ya la esperaba en una mesa junto a la ventana. Sonrió al verla y se levantó para darle un beso. —Estás preciosa —dijo con ternura—. Ese vestido te queda increíble. Ashley intentó relajarse. Tom era su refugio, su seguridad. Se sentó frente a él y pidió un jugo de mango. —¿Todo bien? —preguntó Tom, notando su expresión distraída. —Sí, solo estoy cansada. He estado pensando mucho en los exámenes y en el informe. Tom le tomó la mano. —No te preocupes, siempre te va bien. Eres la mejor. Ashley sonrió, aunque por dentro sentía un torbellino. No podía contarle lo que acababa de pasar. ¿Cómo explicarle que un desconocido la había descolocado de esa manera? El almuerzo transcurrió tranquilo. Hablaron de la universidad, de planes futuros, del aniversario. Tom le contó que estaba organizando una sorpresa para ella, aunque no quiso dar detalles. Ashley se sintió agradecida, pero la sombra de Spencer seguía rondando su mente. De regreso a su apartamento, Ashley intentó concentrarse en el informe. Pero cada vez que escribía una línea, la imagen de Spencer aparecía. Su voz, su mirada, su sonrisa burlona. Era como un eco que no podía apagar. Se tumbó en la cama y cerró los ojos. El recuerdo del sueño sobre su padre volvió a atormentarla. La enfermedad lo tenía frágil, y ella temía perderlo en cualquier momento. Esa angustia se mezclaba ahora con la confusión que Spencer había sembrado. “¿Por qué me afecta tanto?”, se preguntó. “Tengo todo lo que necesito con Tom. No debería sentir nada más.” Pero en lo más profundo de su ser, sabía que algo había despertado. Una chispa peligrosa, un deseo oculto que no quería reconocer. El mensaje inesperado Pasada la medianoche, mientras revisaba su móvil, Ashley recibió un mensaje de un número desconocido: “Espero que la próxima vez me mires a los ojos cuando te disculpes. —S” Ashley se quedó helada. ¿Cómo había conseguido su número? ¿Quién le había dado acceso? El corazón le latía con fuerza. Dudó entre bloquearlo o responder. Finalmente, escribió: “No sé quién eres ni cómo tienes mi número. Déjame en paz.” La respuesta llegó casi al instante: “Soy alguien que no podrás ignorar. Nos veremos pronto.” Ashley dejó caer el móvil sobre la cama, temblando. Sabía que estaba entrando en un terreno peligroso. Tom era su mundo, su estabilidad. Pero Spencer… Spencer era el caos, la tentación, el misterio. Y aunque intentara negarlo, algo dentro de ella quería descubrir más.






