Mundo ficciónIniciar sesiónEl día siguiente amaneció con un aire extraño. Ashley se levantó tarde, con la cabeza pesada por la fiesta de la noche anterior. El recuerdo del baile con Spencer la perseguía como un fantasma. Había sido solo unos minutos, pero suficientes para desatar un torbellino dentro de ella. Entonces hizo lo que nunca había hecho en tres años de universidad, faltar a clases.
Tom, en cambio, parecía distante. No había llamado ni enviado mensajes desde que se despidieron en la fiesta. Ashley lo notó y la inquietud creció. Al mediodía, Ashley decidió marcar su número. —Hola, amor —dijo con voz suave — ¿Dormiste bien? —Hola —respondió Tom, secamente— Asheley sintió un pesar y aunque intuía la razón del cambio, no pudo evitar preguntar mientras fruncía fuertemente el ceño al otro lado de la línea. —¿Pasa algo? —Sí, Ashley. Pasa que ayer te vi bailando con ese tipo y estoy muy enojado ahora mismo. Ashley tragó saliva. —Fue solo un baile, Tom. Nada más. —¿Nada más? —replicó él—. ¿Y por qué parecía que estabas hipnotizada? ¿Lo conoces siquiera? No es de tu círculo de amigos, así que se me hace más raro todavía. Ashley se quedó en silencio porque sabía que tenia mucha razón. —No lo estaba. Solo fue un momento. Tú estabas ocupado hablando con tus amigos, es un conocido de clase, por eso lo hice nada más. Tom suspiró. —Ashley, te conozco. Sé cuándo algo te afecta. Ese chico… ¿quién es? —Un compañero de clase. Nada más, ya te lo he dicho. Sabes que no me gusta estar repitiéndome. —¿Nada más? —repitió Tom, con tono incrédulo—. No me gusta cómo te mira. Y no me gusta cómo lo miras tú. Ashley sintió un nudo en el estómago. —Tom, te amo. No tienes nada de qué preocuparte. —Espero que sea cierto —respondió él—. Porque no pienso compartirte con nadie. La llamada terminó abruptamente. Ashley se quedó mirando la pantalla, con lágrimas en los ojos. Sabía que Tom tenía razón en algo: Spencer la había descolocado. Pero no quería admitirlo e incluso le asustaba el lado posesivo de Tom estaba tomando. Esa tarde, Ashley decidió ir a la biblioteca para despejarse. Necesitaba concentrarse en sus estudios y olvidar todo lo demás. Pero al entrar, lo vio. Spencer estaba allí, sentado en una mesa, leyendo un libro. Ashley dudó entre marcharse o enfrentarlo. Finalmente, se acercó. —¿Qué haces aquí? —preguntó con tono molesto. —Estudiando —respondió él, levantando la mirada—. ¿Y tú? —Lo mismo. Spencer sonrió. —¿Vienes a huir de tu novio? Ashley se tensó. —No digas eso. —Lo vi ayer. No le gustó que bailaras conmigo. —Claro que no. Porque tengo novio. —Y sin embargo bailaste conmigo. Ashley apretó los labios. —Fue un error. —¿Seguro? —preguntó él, inclinándose hacia ella—. Porque yo sentí que fue real. Ashley lo miró fijamente. Sus ojos verdes la atrapaban, la desarmaban. —No deberías hablarme así. —No puedo evitarlo —respondió él—. Hay algo entre nosotros, aunque lo niegues. Ashley retrocedió un paso. —No. No hay nada. —Entonces mírame a los ojos y dímelo. Ashley lo miró, temblando. —No hay nada —susurró. Spencer sonrió. —Tus palabras dicen una cosa. Tus ojos dicen otra. Ashley se dio la vuelta y salió apresurada de la biblioteca. Pero su corazón latía con fuerza. Esa noche, Tom fue a su apartamento. Ashley lo recibió nerviosa. —Tenemos que hablar —dijo él, entrando sin esperar invitación. —Está bien. Tom se sentó en el sofá, serio. —Ashley, no me gusta lo que está pasando. Ese chico… Spencer, ¿verdad? Ashley asintió. —Sí. —No me gusta cómo se mete en tu vida. No me gusta cómo te mira. Y no me gusta cómo lo miras tú. Ashley bajó la mirada. —Tom, te juro que no pasa nada. —¿Nada? —preguntó él, con voz dura—. ¿Y el baile? ¿Y las miradas? —Fue un error. —Ashley, te amo. Pero necesito saber si tú también me amas. Ashley levantó la mirada, con lágrimas en los ojos. —Claro que te amo. Tom la abrazó, pero su gesto fue más de posesión que de ternura. Ella se sentía desesperada no sabía o no podía controlar todo lo que estaba pasando. —Entonces aléjate de él. Ashley asintió, aunque en su interior sabía que no sería tan fácil. El mensaje de Spencer Cuando Tom se fue, Ashley se tumbó en la cama. El móvil vibró. Un mensaje del número desconocido: “No puedes huir de lo que sientes. —S” Ashley cerró los ojos, desesperada. —¿Por qué me haces esto? —susurró. Otro mensaje llegó: “Porque sé que me deseas tanto como yo a ti.” Ashley dejó caer el móvil sobre la cama. Sabía que debía bloquearlo. Sabía que debía olvidarlo. Pero no lo hizo. El domingo por la tarde, Ashley salió a caminar por el parque para despejarse. El aire fresco la ayudaba a pensar. Pero al doblar una esquina, lo vio. Spencer estaba allí, sentado en un banco. —Ashley —dijo al verla—. Sabía que vendrías. —¿Me estás siguiendo? —preguntó ella, molesta. —No. Solo sabía que tarde o temprano estarías aquí. Ashley suspiró. —No puedo seguir viéndote. Tengo novio. —Lo sé. El chico perfecto. Pero dime, ¿te hace sentir viva? Ashley lo miró, confundida. —Claro que sí. —¿O solo te hace sentir segura? Ashley se quedó en silencio. —Yo te hago sentir otra cosa —dijo Spencer, acercándose—. Te hago sentir fuego. Ashley retrocedió un paso. —No. Esto está mal. —¿Mal? —preguntó él, con voz suave—. ¿O simplemente diferente? Ashley lo miró fijamente. Sus ojos verdes la atrapaban, la quemaban. —No puedo —susurró. Spencer sonrió. —No tienes que decidir ahora. Pero tarde o temprano lo harás. Ashley se dio la vuelta y se marchó apresurada. Pero sabía que sus palabras eran ciertas. Tarde o temprano tendría que decidir. Esa noche, Ashley no pudo dormir. Se debatía entre la seguridad de Tom y la atracción peligrosa hacia Spencer. Su corazón estaba dividido, y cada latido era un recordatorio de la decisión que debía tomar. Tom la amaba, la cuidaba, le ofrecía estabilidad. Spencer, en cambio, era caos, fuego, deseo. Ashley cerró los ojos, con lágrimas en los párpados. Sabía que el camino que eligiera cambiaría su vida para siempre.






