El baile de máscaras

El viernes por la noche la facultad organizó una fiesta temática en el salón principal. Era una tradición anual: música, disfraces, máscaras y un ambiente relajado para olvidar por unas horas la presión de los exámenes. Ashley no estaba del todo convencida de asistir, pero Karla insistió.

—Vamos, Ash, te vendrá bien despejarte. Además, Tom dijo que también irá.

Ashley aceptó, aunque en el fondo sentía un nudo en el estómago. La idea de encontrarse con Spencer en un ambiente tan distinto la inquietaba.

Karla estaba preocupada por cómo irían vestidas, pero ella ni siquiera podía pensar en eso.

Mientras su amiga se quejaba de que su armario le quedaba ya demasiado pequeño ella eligió un vestido amarillo de tirantes, le llegaban por encima de las rodillas y era de una tela suave y rica, similar a la seda aunque no lo era.

—Te queda de escándalo — me dijo Karla— además con esos pendientes a juego y el collar ámbar vas pibón, seguro que Tom se muere cuando te vea.

—Hay eres tan exagerada le respondí, aprestémonos.

—Si si, Lila o verde.

—Lila, combina con estos pendiente e irás perfecta.

—Gracias, ya casi estoy lista.

El salón estaba decorado con luces doradas y guirnaldas. La música vibraba en cada rincón, y los estudiantes bailaban con máscaras de colores. Ashley llevaba una máscara dorada que cubría la mitad de su rostro. Karla la acompañaba con una máscara lila brillante.

Tom apareció poco después, elegante con una camisa blanca y una máscara negra. La abrazó con cariño.

—Estás preciosa —le susurró al oído—. Esta noche es solo para nosotros.

Ashley sonrió, intentando convencerse de que todo estaba bien. Lo beso y abrazó, mientras pensaba que él la hacía sentirse segura y tranquila y eso le aportaba mucho más que un corazón desbocado.

Mientras bailaba con Tom, Ashley sintió una mirada fija sobre ella. Se giró y lo vio. Spencer estaba allí, apoyado contra la pared, con una máscara verde que apenas ocultaba sus ojos. Esos ojos.

Ashley se estremeció. Tom no lo notó, ocupado en la música y en sus pasos. Pero Ashley sabía que Spencer la observaba, que cada movimiento suyo era seguido con atención.

Más tarde, Karla arrastró a Ashley hacia la mesa de bebidas. Tom se quedó conversando con unos amigos. Ashley se sirvió un refresco y, al girarse, chocó de nuevo con Spencer.

—¿Otra vez tú? —dijo con tono molesto.

—¿No es este el lugar perfecto para encontrarnos? —respondió él con una sonrisa.

Ashley lo miró con rabia y desesperación. Sentía inevitablemente que la situación se le estaba saliendo de control.

—No tienes derecho a seguirme.

—No te sigo, Ashley. El destino nos pone en el mismo lugar.

Ella apretó el vaso entre sus manos.

—Tengo novio. ¿Qué parte no entiendes?

Spencer se inclinó hacia ella, su voz baja y firme.

—Entiendo que tienes miedo. Miedo de lo que sientes cuando me miras.

Ashley se quedó sin palabras. El corazón le latía con fuerza.

—No siento nada —mintió.

Spencer sonrió.

—Tus ojos dicen lo contrario.

Ashley podía notar su picardía y su descaro a kilómetros. ¿Cómo podía ser que fuera todo tan real y él estuviera tan como si nada, sin afectarse sin inmutarse, es que estaba completamente fuera de sí?

La música cambió a un ritmo más lento. Spencer extendió la mano hacia Ashley.

—Un baile. Solo uno. Concédemelo y te dejare en paz por el resto de la velada, siempre y cuando admitas que no sientes nada por mi, que no te une un sentimiento íntimo y primitivo hacia mí.

Ashley dudó. Miró hacia la pista: Tom seguía conversando, distraído. Nadie notaría nada. Eso pensó, una ingenuidad de su parte, pensó incluso días después rememorando el momento.

Finalmente, tomó la mano de Spencer. Le sudaban las palmas de las manos y le temblaban las piernas, se sentía como si fuera una adolescente y tuviera una cita del baile de graduacion y sabía que debía esperar con ansias el primer beso. Más menos ese mismo sentimiento.

El contacto fue eléctrico. Bailaron en silencio, mirándose a través de las máscaras. Ashley sentía que el mundo desaparecía, que solo existían ellos dos.

—¿Por qué me haces esto? —susurró ella.

—Porque no puedo evitarlo —respondió él—. Y tú tampoco.

Ashley cerró los ojos, intentando resistir. Pero su cuerpo se movía al compás del suyo, como si fueran uno solo.

—Desde el día del mercado me siento irremediablemente atraído a ti, como la abeja À la miel.

De pronto, mientras más ensimismada estaba en su mirada Tom apareció.

—Ashley, ¿qué haces? —preguntó con voz sorprendida.

Ashley se apartó de Spencer de inmediato.

—Solo era un baile —dijo nerviosa.

Tom la miró con desconfianza y algo más en sus ojos pero que no fue capaz de identificar .

—¿Quién es él?

Spencer intervino con calma.

—Un compañero de clase. Nada más. Fue solo un bailes

Tom frunció el ceño, pero no dijo nada. Tomó la mano de Ashley y la llevó de vuelta a la pista.

Ashley lo siguió, pero su mente estaba en otro lugar. El recuerdo del baile con Spencer la perseguía, como un fuego imposible de apagar.

Más tarde, cuando la fiesta terminó y Ashley regresó a su apartamento, se tumbó en la cama con la máscara aún en la mano. Cerró los ojos y revivió cada instante: la mirada de Spencer, el baile, la tensión.

El móvil vibró. Un mensaje del número desconocido:

“Ese baile fue solo el comienzo. —S”

Ashley apretó el móvil contra el pecho. Sabía que estaba jugando con fuego. Sabía que debía alejarse. Pero en lo más profundo de su ser, algo la empujaba hacia él.

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