62. Eres mi vida Irina.
Las manos de ella no dejaban de explotar su pecho, sus hombros hasta llegar a sus abdominales y de ahí a su polla la cual se encontraba duro dentro de ese pantalón.
—Dejame sacarla y mostrarte dónde te necesito.
Sintió como ella liberaba su polla y él no podía dejar de tocarla, de desearla de necesitar sentirse dentro de ella, notando como se alzaba levemente solo para dejarse caer, autopenetrandose.
— Irina— gimió su nombre mientras se empujaba con dureza en su interior incapaz de ser delicado