23. Trae mala suerte.
Irina entró en aquel enorme probador con los tres vestidos de novia y no podía apartar la mirada de las elegantes telas, de los encajes y los detalles meticulosamente elaborados. Ni siquiera se fijó en el rostro sonrojado de la dependienta, porque no podía ver más allá de los vestidos de novia y de la propuesta que le acababa de hacer el hombre que había amado siempre, pero sobre todo cuando se arrodilló y le pidió matrimonio.
Las lágrimas comenzaron a empañar sus ojos mientras un nudo se forma