16. No somos hermanos.
Amir era incapaz de entender lo que ella le decía con esos botones abiertos de su camisa que lo incitaban a mirarla a seguir deseándola a quererla desnuda de nuevo en su cama.
— ¿Podrías…?— él señaló los dos botones de la camisa que quedaban por abrochar y Irina afiló la mirada molesta.
— ¿Me estás escuchando?
— Si, claro, sigue, pero por favor, abrochate..
— Bien como te estaba contando — se abrochó los botones algo molesta — como comprenderás, eso a Asad no le interesa, los pozos de petróleo