Capítulo 60
Sombras en la puerta
El ático estaba demasiado silencioso tras la revelación de Vivian. El paño, empapado de sangre, reposaba sobre la mesa de centro entre Dominic y ella como una herida de la que ninguno podía apartar la mirada. Él había intentado explicárselo —con voz firme, mano temblorosa— pero ella no estaba segura de poder confiar en él.
Cuando finalmente salió de la habitación, murmurando sobre hacer llamadas, Vivian se quedó sentada sola en el silencio del apartamento. Cada rincón era inquietante. Cada sombra se movía.
Su pecho se alzaba y descendía con jadeos entrecortados. No puedo vivir así. Necesito saber.
El golpe fue suave.
Por un instante, creyó haberlo soñado. Pero entonces volvió a sonar: tres golpes secos, firmes pero contenidos.
Vivian permaneció inmóvil. Su corazón latía con fuerza en su pecho. Dominic aún no había llegado. Nadie debía estar allí.
Se deslizó y se movió lentamente, descalza, sobre el suelo de mármol, con la bata bien ajustada. Sus dedos