Capítulo 59
La comodidad del hogar trasciende la paz
La mañana después de despertar en su ático era tranquila, demasiado tranquila. Vivian esperaba que su cuerpo se rebelara con dolor ante el cambio de ambiente, pero sintió un alivio similar al que se experimenta al salir de la frialdad de un hospital. El aire era más suave, más cálido, impregnado de aromas hogareños que casi había olvidado: lavanda flotando en la sala, delicadas notas de la colonia de Dominic en el pasillo y el penetrante aroma del café recién hecho en la cocina.
Se recostó en el sofá, con las piernas recogidas bajo una manta, contemplando el horizonte de la ciudad iluminado por los grandes ventanales. Algo en ese momento susurraba tranquilidad, y su corazón latía con una punzada de cautela.
Entonces Dominic salió de la cocina con una bandeja. La colocó con sumo cuidado frente a la mesa de centro: cruasanes calientes, fruta cortada y una taza de té caliente. Sus ojos estaban cansados, pero más amables que nunca.
—Pa