Capítulo 74
El despacho estaba silencioso. El tic-tac del reloj en la pared era lo único que rompía la calma relativa del espacio. Yo estaba sentado detrás de mi escritorio, con las manos entrelazadas, repasando mentalmente los planes del día y el estado de la compañía. Liana no estaba en la oficina; le había pedido que no viniera hoy. Quería un día tranquilo, lejos del estrés y, sobre todo, lejos de Mimi y sus intrigas.
Estaba concentrado en los informes cuando la puerta se abrió de golpe. Mim