Capítulo 74
El despacho estaba silencioso. El tic-tac del reloj en la pared era lo único que rompía la calma relativa del espacio. Yo estaba sentado detrás de mi escritorio, con las manos entrelazadas, repasando mentalmente los planes del día y el estado de la compañía. Liana no estaba en la oficina; le había pedido que no viniera hoy. Quería un día tranquilo, lejos del estrés y, sobre todo, lejos de Mimi y sus intrigas.
Estaba concentrado en los informes cuando la puerta se abrió de golpe. Mimi entró con esa expresión arrogante que siempre me enfurecía. Caminó por el despacho con pasos seguros, como si este lugar le perteneciera, y me miró fijamente.
—Adrián —dijo con voz dulce pero calculadora—. Quiero traer al inversor. Es una gran oportunidad, y sé que tú… —hizo una pausa, sonriendo con suficiencia— podrías no querer recibirlo así, pero esto es importante.
La miré en silencio, evaluando cada palabra. Sabía que lo que decía no era completamente sincero; Mimi siempre tenía un motivo