CAPÍTULO 204
Una súplica desesperada
El pasillo fuera de urgencias se sentía inusualmente frío, como si las paredes contuvieran la respiración. El penetrante olor a desinfectante impregnaba el aire, mezclándose con el tenue aroma metálico del ala de traumatología. Me quedé allí, con los dedos temblorosos y el corazón latiendo con latidos irregulares que resonaban dolorosamente en mi pecho.
Todo se sentía borroso: mi visión, mis pensamientos, incluso la realidad que nos había llevado a este mome