Capítulo 49
Un acto de fe
La lluvia golpeaba con fuerza la ventana del hospital mientras las nubes ensombrecían el cielo sobre la ciudad, reflejando la opresión en el pecho de Dominic. El silencio de las máquinas, el lejano murmullo de las enfermeras y el suave siseo de las vías intravenosas eran los únicos sonidos que lo mantenían anclado a la realidad. Sentado junto a Vivian, la observaba mientras dormía tras el trasplante. Su rostro estaba pálido como la nieve, con los labios resecos y las mejillas ligeramente hundidas por la dura experiencia. Pero estaba viva. Y solo por eso, respiraba.
No se había separado de su lado desde la operación. Tres días. Sin descanso. Sin una buena comida. Solo ella.
Sus costillas subían y bajaban con esfuerzo, pero subían, y eso ya era algo. Se pasó una mano por el pelo revuelto y susurró: «Eres fuerte, Vivian. Siempre lo has sido. No me dejes ahora. Ahora no».
De repente, estaba viva. Sus dedos temblorosos se posaron bajo los de él, y sus pestañas ale