Capítulo 50
Ecos en el pasillo
El zumbido constante de los aparatos era el único sonido que llenaba la habitación del hospital, interrumpido ocasionalmente por el suave susurro del tanque de oxígeno. Vivian permanecía inmóvil, su piel pálida y frágil contra las sábanas blancas. Sus dedos se movían, buscando instintivamente la mano de Dominic incluso en su estado de inconsciencia.
Dominic estaba sentado a su lado, con los ojos hundidos por el cansancio y la tristeza. Llevaba horas sin moverse. Sus dedos se aferraban a los de ella como un ancla que le impedía sucumbir al abismo del terror. Una enfermera le había traído un sándwich hacía un rato. No lo había tocado.
Justo cuando el silencio se había convertido en una cómoda quietud, llamaron a la puerta. Dominic no levantó la vista.
«Por favor», murmuró, suponiendo que era otra enfermera. «Solo necesita un poco más de tiempo. Está estable».
Pero la puerta se abrió con un crujido.
Y entonces… una voz que no había oído en días.
«Dominic».