Capitulo 76
Entré al salón del hotel con la cabeza aún fría, pensando en los documentos, en los inversores y en cómo Mimi siempre encontraba la manera de arruinar todo. Pero en cuanto tomé aquel vaso que me ofreció, algo comenzó a cambiar. Primero fue un calor extraño que subía por mi pecho, después la cabeza me dio vueltas, y el mundo comenzó a sentirse pesado, como si todo estuviera envuelto en una niebla densa. Mis piernas temblaban, y por un instante sentí que no podría sostenerme.
Miré a Mimi y su sonrisa era demasiado suave, demasiado calculada. Mi corazón latía con fuerza mientras intentaba mantenerme erguido, pero mi cuerpo no respondía. El calor que sentía no era normal, mi respiración se aceleraba y la visión se me nublaba. Todo giraba a mi alrededor y un pensamiento emergió con fuerza: algo está mal.
—¿Qué me diste, Mimi? —pregunté con voz áspera, tratando de mantener la calma, aunque cada palabra me costaba salir.
Ella se inclinó ligeramente hacia mí, rozando apenas mi hom