Capítulo 74
La tormenta desatada
Las horas se desvanecieron en algo anónimo. Yacía en la cama desconocida, quieta pero inquieta a la vez, con la mente dando vueltas en mil direcciones. El brazo de Grayson me rodeaba como si creyera que eso me retendría, me ataría a un pasado al que ya no pertenecía; creía que yo haría lo mismo, creía que el amor regresaría. Su respiración se había estabilizado, lenta, casi satisfecha, pero la mía era superficial, entrecortada, cada bocanada aferrada a los borde