Capítulo 74
La tormenta desatada
Las horas se desvanecieron en algo anónimo. Yacía en la cama desconocida, quieta pero inquieta a la vez, con la mente dando vueltas en mil direcciones. El brazo de Grayson me rodeaba como si creyera que eso me retendría, me ataría a un pasado al que ya no pertenecía; creía que yo haría lo mismo, creía que el amor regresaría. Su respiración se había estabilizado, lenta, casi satisfecha, pero la mía era superficial, entrecortada, cada bocanada aferrada a los bordes desgarrados de la vergüenza y el miedo; olía a traición por todas partes.
La habitación estaba sutilmente impregnada de su fragancia: su colonia, su piel; pero lo único que anhelaba era el olor de Dominic, el calor de su pecho, el consuelo constante de su presencia. Mi corazón latía su nombre con cada pulso, y con cada resonancia llegaba la asfixiante pesadez de lo que acababa de suceder, de ser arrojada de nuevo a una jaula de la que creía haberme liberado.
El tiempo se arrastraba. No sé cuán