Capítulo 199
El instinto de una madre
La habitación del hospital olía ligeramente a antiséptico y sangre, un aroma estéril que parecía quemarme los pulmones con cada respiración. Mis manos temblaban incontrolablemente al mirarlo —Grayson—, yaciendo tan inmóvil, tan frágil, tan golpeado por la vida de formas que jamás imaginé. Su pecho subía y bajaba con respiraciones superficiales. Una parte de mí quería desplomarme sobre él, acunarlo y prometerle que todo estaría bien, pero otra parte me grita