CAPÍTULO 211
El dolor del despertar
El mundo arrastró a Grayson hacia arriba lentamente… dolorosamente… como si nadara en agua espesa y helada. Sus párpados pesaban, demasiado pesados, como si alguien les hubiera atado piedras. Su cuerpo se sentía extraño: rígido, magullado, cosido, pesado. Cada respiración le clavaba fuego en las costillas. Su garganta estaba seca, áspera como arena raspándose.
Bip…
Bip…
Bip…
Primero llegaron los sonidos.
Luego la luz.
Luego la voz.
“Señor… Señor, ¿me oye? Si