Duerme esta noche conmigo.
Cuando Emma terminó la taza de té bajo la mirada atenta de Damián, empezó a notar que algo dentro de ella se aflojaba con una rapidez extraña.
Primero fue una tibieza agradable bajándole por los hombros y deshaciéndole la tensión acumulada en el cuello. Luego vino una ligereza casi absurda, como si los músculos dejaran de pesarle y el cuerpo entero se le quedara flotando, suave, lejos del cansancio, del viaje, de Lydia, de las preguntas sin respuesta y de todo lo que,