—Señorita Nieves, me alegra mucho verte bien.
—Gracias, señorita Suárez —respondió Sara.
Domenico, al ver el rostro de Lorena, no pudo evitar pensar en la foto. El parecido era asombroso. Desvió la mirada rápidamente, y su entusiasmo se desvaneció un poco. Asintió y dijo:
—Señorita Suárez, lamento el susto de ayer. Lo que pasó en la fiesta fue realmente desafortunado.
—No se preocupe, don Domenico. Nadie quiere que ocurran esas cosas en una celebración tan importante. Usted manejó la situación c