El rostro del hombre era de un blanco enfermizo, sus ojos estaban llenos de indescriptiblemente frialdad y crueldad, y tenía un peligro maligno que ponía los pelos de punta a la gente.
Urso tomó su mano y habló en voz baja: —Él es Majara.
Lorena se sonrojó.
Antes le temía, pero en cuanto lo vio, sintió que no tenía nada que temer.
Majara venía a por Lorena, usando sus ojos oscuros y peligrosos a observar a Lorena, como si estuviera considerando cómo atormentarla.
A su lado, Susana sonrió de sufi