Lorena se levantó sorprendida, le dirigió una mirada desconcertada y le dijo cortésmente: —Soy amiga de Urso y fue la señora Nieves quien me trajo aquí.
No pasó por alto el destello de gran sorpresa e incredulidad que brotó en los ojos del hombre.
Asombrada y desconcertada por la emoción, permaneció con el rostro inmóvil.
El hombre recuperó lentamente la compostura, solo para perder parte de la crispada emoción de su rostro.
—¿Amiga de Urso?
Su voz era grave, con un gusto imperturbable.
Fue en e