El coche entró en la finca, y después de unos diez minutos, salió por una puerta determinada, y luego aparecieron varios coches similares, dando vueltas.
Esta formación, a primera vista, temía que alguien les rastreara y persiguiera.
«¿A cuánta gente han ofendido?»
Lorena se sentó tranquila y en silencio.
Cuando pasaron esta parte de la carretera y entraron en otra grande y tranquila, vio a lo lejos otra mansión parecida a la que acababa de ver.
Una vez dentro, Flavia, a su lado, no pudo evitar