La voz de Urso llegó desde lejos: —No hay nada seguro, así que no debes responderles por ahora.
—Mañana pediré a mi padre un equipo y les tenderé una emboscada antes de tiempo para asegurarme de que nada salga mal.
—Gracias.
La voz de Lorena tembló ligeramente.
Tenía las manos cubiertas de sudor frío.
Temía la segunda posibilidad, «Pero ¿y si mi hermano sigue vivo?»
«Sí, tengo que ser fuerte.»
Ya no podía pensar en las intenciones de Urso, era bueno que ayudara.
Colgando el teléfono, Lorena sali