Dijo frotándose la nariz avergonzado y saliendo por la puerta.
Lorena apartó la mirada y no le detuvo, no tenía ánimos para pensar en otra cosa.
Se sentó en su despacho, incapaz de descansar por la aprensión.
En cuanto Omar salió por la puerta, sacó el móvil y llamó a Urso.
—¿Qué pasa? ¿Todavía no sabe que son amigos de la infancia? ¿Por qué parece que su actitud es más fría que el hielo del Ártico?
—¿No quedaron juntos anoche? ¿Por qué no aprovechaste para decírselo?
Urso guardó silencio unos s