Una oleada momentánea de alegría inundó el corazón de Lorena y le miró triunfante.
—Entonces, ¿puedes encontrarlo?
Urso hizo una paus, —Solo hasta que venga a nosotros.
Lorena arrugó las cejas, sorprendida.
Urso frunció los labios y dijo después de pensar: —En medio mes, su gente vendrá a comerciar, y para entonces, podremos ponernos en contacto.
A Lorena se le aceleró el corazón al instante, un poco difícil de soportar.
—Pero me temo que no podemos esperar tanto, mi hermano está en peligro.
Urs