Polo sonrió, se acercó y empujó la puerta para abrirla.
Sus ojos se oscurecieron con emociones profundas que llevaban un toque de atracción fatal.
—¿Cómo quieres que muera?
El corazón de Lorena tembló e inconscientemente le miró.
Su ceño era serio y amable, como si esperara a que ella decidiera una vez que sí, y él se encargaría del resto.
El salón era cálido y acogedor, y María se sentó sobre sus rodillas, mirándolas estupefacta.
Gemía y sacudía la cabeza, derramando lágrimas de miedo.
Vivía o