Lorena se congeló un poco, mirando su mandíbula lisa y perfecta y sintiendo su encanto sexy.
Rápidamente se ofreció a cooperar, con la mirada confusa y contenida, pensando, «No pasa nada. él no puede hacer nada más.»
Las respiraciones de ambos se entrelazaron en un suave y tierno beso que hizo que cada segundo fuera infinitamente más largo.
Una mañana tan romántica y tranquila.
En los brazos de Lorena, Rico, insatisfecho, saltó hacia abajo, a ellos comenzó a —woof —, gritando, miserable y tr