Lorena observó cómo Rico terminaba de comer y se echaba a sus pies apático, triste y resignado.
Lo acarició y lo consoló: —Rico, te vengaré. Ten paciencia conmigo por ahora, y cuando tenga la oportunidad, ¡le raparé el pelo y dejaré que pruebe esto también!
—Umm... —Rico hipó en señal de acuerdo.
Lorena sujetaba a Rico con una mano y los papeles con la otra.
La bolsa colgaba del cuello de Rico y éste por fin se animó.
Hoy se había cambiado a propósito a un bolso más pequeño, cosa que a Rico