A Juan se le daba bien tener el control y no iba a permitir que le tendieran una trampa todo el rato.
Intentó seguir besando a Lorena, pero ella ya había dado un paso atrás y había recuperado el sentido, —Se hace tarde, ¿no te vas?
Juan arrugó la nariz.
—Eres mi amante, claro que harás lo que yo quiera. —Lorena sonrió.
Juan la miró durante unos segundos y sonrió con nostalgia, luego se sentó en el sofá junto a ella y reanudó su postura de altos vuelos.
Se recostó perezosamente en el sofá, —