Juan dejó a Lorena al bajo del piso, pero no tenía intención de marcharse.
Lorena le miró varias veces y Juan hizo como si no lo viera.
—Vamos, a mi casa.
Juan sonrió suavemente antes de asentir y la siguió.
Rico estaba en casa, y se precipitó hacia la puerta al oír la voz muy animado.
En cuanto entró, rodeó a Lorena moviendo la cola con agresividad.
Lorena dejó caer despreocupadamente su regalo y lo abrazó alegremente, —Rico, ¿has comido ya?
Rico sacó la lengua y la miró emocionado.
Jua