Las palabras de Lorena le hicieron tener que enfrentarse a la realidad.
Polo caminó hacia ella y se sentó, con la cara un poco cansada.
No habían sido unos buenos días para él.
La miró fijamente y le explicó con delicadeza: —Lorena, sé que este método es un poco extremo, pero no se me ocurre una forma mejor de que te quedes.
—No lo entiendo. —Lorena estaba desconcertada.
«¿Por qué habíamos llegado a esto?»
—Quiero que te quedes a mi lado para siempre. Todo lo que tengo, te lo daré, con tal