Al segundo siguiente, Polo abrió la puerta y él se quedó fuera, inexpresivo.
La trajo de vuelta a la villa, y su indiferencia que había estado oculta y contenida finalmente estalló.
Lorena palideció, sintiendo de repente un poco de miedo de él.
Polo la llevó a su habitación y cerró la puerta con fuerza.
Lorena se estremeció al oír el fuerte portazo.
Polo se detuvo y dejó de tirarle de la mano con tanta fuerza.
De momento estaba pálida, pero recelosa de él, y un poco asustada.
De repente,