—Como quieras. ¿Crees que le tengo miedo? —Lorena rio, miró fríamente a Estela—. Señorita Serrano, la próxima vez que me calumnie a mis espaldas, acuérdese de elegir una ocasión en la que yo no esté. De lo contrario, ¡te golpearé!
Le estaba advirtiendo. Estela se sintió familiar por un momento.
«¡Era el mismo tipo de mirada que Juan me dirigió cuando me echó del coche!»
Estela tembló ligeramente, —No sé de qué hablas. Lorena, solo dije la verdad. ¡Qué prepotente eres, te vas a llevar tu merecido