Lorena miró simplemente a Mariana, que estaba a su lado, y frunció los labios:
—Tu chica te está esperando, váyanse.
Los puños de Luis se cerraron y apretaron, su pecho se agitó.
Finalmente no continuó y se dio la vuelta para irse.
Las palabras de Elena de hacía un momento le hacían muchos daños ya.
Temía que Elena dijera algo aún peor si continuaba.
Se le perdió toda la cara.
Luis llevó a Mariana hasta el coche y, sin prisa por arrancarlo, se limitó a golpear el volante con el puño.
Mariana se