Dijo, con ojos fríos y oscuros mientras miraba a Miguel y con el ceño fruncido por la sombra:
—Ella va a descansar, ¿por qué no te vas?
Miguel se rio:—Eres tú quien debería irse.
Una frío nubló el rostro de Juan, sus ojos barrieron a Miguel fieramente antes de mirar a Lorena, su voz era grave:
—Déjalo irse.
Lorena se quedó de pie con expresión fría:
—Juan, eres tú quien debe irse.
La mandíbula de Juan se tensó momentáneamente, su pecho subía y bajaba mientras se contenía estoicamente.
Le lanzó c