Los murmullos entre los sirvientes no se hicieron esperar, habían escuchado la discusión entre la señora de la casa y el tío del señor Dante, así como tambien, la propia del señor de la casa con el aborrecible tío. El jaleo había sido tan tremendo que el amo había terminado desmayándose de la impresión. Eso era lo que Ferdinand estaba escuchando, nadie salvo el, la señora Emma y ese maldito, habían sido testigos del milagro. Sin embargo, que Ciacco lo supiera era peligroso, algo se lo decía, y