Esa mañana no era como todas las demás, se sentía como si fuera parte de otro mundo, o estuviese despertando en una dimensión alterna a la suya. Miraba el techo eternamente pulcro y brillantemente blanco de aquella habitación, sintiendo que, en cualquier momento, seria absorbida por él. Sin embargo, no era que el mundo hubiese cambiado, era ella quien lo había hecho…ella ya no era la misma de la noche anterior…y no lo volvería a ser jamás; había perdido la virginidad con el hombre al que llamab